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LA FLAUTA MÁGICA

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LA FLAUTA MÁGICA (Kv 620)
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)
(Resumen del Argumento)
Libreto: Emanuel Schikaneder
Estreno: 30.09.1791 (Freihaustheater auf der Wieden)
Algunos personajes que intervienen:
Tamino (Tenor).
Pamina (Soprano).
Papageno (Bajo-Barítono).
La Reina de la Noche (Soprano).
Sarastro (Bajo).
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Obertura
Toda ópera comienza con una obertura. En este caso, la obertura de la flauta mágica es muy famosa y popular. Además es posible que la hayáis escuchado en muchas versiones (para coro a capella, para grupo de instrumentos reducidos....). En el escenario podemos ver un paisaje misterioso: una zona rocosa con algunos árboles, y al fondo, rodeado de varias montañas, un Templo.
Acto I
El príncipe Tamino, huye por un bosque perseguido por una serpiente. Tras caer agotado, pierde el conocimiento y durante ese instante es salvado por tres hadas al servicio de la Reina de la Noche. Las tres hadas desaparecen de la escena para contarle lo sucedido a su señora.
Aquí entra el barítono Papageno, un personajillo cómico (muy pillo) que es un pajarero (a sus espaldas lleva una jaula llena de ellos), de personalidad y papel totalmente contrarios a el del protagonista Tamino (el gachó se dedica a vender pájaros y comprarlos, ó a vivir de sus inteligentes artimañas), el cual despierta a Tamino. En su entrada canta un aría muy simpática y conocida:
Entonces regresan las hadas, las cuales piden a Tamino que salve a la hija de la Reina de la Noche, Pamina, una joven bellísima secuestrada por el malvado y poderoso Sarastro en su templo. A cambio la Reina de la Noche le concederá la mano de dicha hija. Para ayudarse en las posibles adversidades, ésta le entrega a Tamino una Flauta Mágica, y a Papageno, que será su acompañante, unas campanillas también con poderes mágicos. Guiados por tres niños, comienzan su camino hacia el templo por el bosque misterioso. Por el camino ambos se separan, y el príncipe Tamino descubre por un sacerdote que ha sido engañado por la Reina de la Noche, aunque también se le dice que Pamina existe y que le está esperando para su salvamiento, aunque la verdad está por descubrir. Lleno de alegría, hace sonar su Flauta Mágica para avisar a Papageno y encantar a las fieras del bosque que le amenazan. Pero Papageno, que durante ese tiempo había llegado al templo, ya había sido capturado por los servidores de Sarastro. Cuando por fín llega el príncipe, entra en el templo y ve a Pamina. En ese momento ambos se enamoran a primera vista, queríendose escapar de allí juntos.
En todo esto, se presenta el sumun sacerdote de la sabiduría Sarastro, y le dice que sólo permitirá dejar ir a Pamina con él si el pajarero y él superan tres pruebas en el interior del Templo.

Acto II
Mientras Sarastro explica que en realidad ha secuestrado a Pamina para salvarla de su madre, la Reina de la Noche, ya que en realidad es una mujer malvada ansiosa de poder. Aquí es el punto de la ópera donde se invierten los papeles de "buenos y malos", ya que ahora se descubre en realidad que Sarastro es un protector y la Reina de La Noche realmente malvada.
El hecho de que haga pasar a Tamino por 3 pruebas es para que entre en el círculo de los "iniciados", y Pamina quede en buenas manos.
Tamino y Papageno comienzan las pruebas, no sin dificultades, ya que la Reina de La Noche envía a sus tres hadas para truncarlas, pero gracias a la flauta mágica, consiguen ir saliendo de ellas.
La Reina de la Noche decide mientras visitar a su hija Pamina a escondidas, y cuando lo hace le da una daga para que asesine a su protector Sarastro. El aría en el que le dice cómo ha de matarlo, es probablemente una de la más famosas de la música, y nada fácil de cantar, puesto que se requieren dar notas muy agudas y "limpias" por la soprano, todos la habéis escuchado alguna vez seguramente:
Sarastro descubre todo, y al final el asesinato no se produce, y éste perdona a Pamina.
El príncipe Tamino sigue intentando superar las pruebas, con ayuda de la flauta mágica. Pero el pajarero Papageno decide abandonar, ya que se encuentra con una anciana que le dice que si se casa con ella lo sacará del Templo en el que está realizando los retos. Cuando éste accede, la anciana se convierte en una bella joven, Papagena. Los dos caen enamorados y cantan otra de las más famosas arias de Mozart:
Cuando las tres pruebas han sido superadas, Tamino y Pamina se únen felizmente, y Sarastro les concede el permiso para casarse. La madre de ella, la Reina de La Noche intentará junto a sus tres hadas impedir la boda, pero al final terminarán condenadas desapareciendo en los oscuros y tenebrosos pasadizos del Templo.
Finalmente, como final de la ópera un coro canta gozoso las solemnes ceremonias de entrada en el círculo de iniciados de los dos enamorados.
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La flauta mágica fue estrenada en el año 1791, poco antes de la muerte de su autor, Mozart, conviertiendose en un gran éxito. La obra representa un lenguaje claro y popular, que incluso ha molestado a los estudiosos Mozartianos (Aunque Beethoven en cierta ocasión aseguró que era la mejor ópera de Mozart). Pese a ello su argumento no es nada trivial, ya que constituye un claro ataque a las ideas e la ilustración que estaban surgiendo en aquella época en Europa, teniendo de transfondo una idea filosófica de la razón, el amor y la virtud muy especiales.


MÁS INFORMACIÓN

Entramos en otra dimensión, no me atrevo a calificarla de mejor o peor. Mozart, ya por entonces decididamente crítico en el tratamiento de sus óperas, había tocado temas tan delicados para la época como los argumentos de Beaumarchais, donde la aristocracia se ponía en tela de juicio.

El 27 de abril de 1784 se estrenaba en París "Las bodas de Fígaro". Es evidente que estábase viviendo el hervor de lo que pronto sería la Revolución Francesa. A las autoridades, nada cándidas, no se les escapaban las intenciones; por lo mismo, el texto de Da Ponte tendría que hacer supresiones de índole política y social para evitar "atentados contra el buen gusto y las conveniencias sociales"; pero las simpatías, tanto del libretista como del compositor, habían quedado claras.

"La flauta" está en otra dirección (esta vez hacia lo popular) a través de parlamentos hablados que la sitúan dentro del Singspiel; la forma más idónea para el pequeño teatro del barrio de Wieden -del que era espíritu e impulso Schikaneder, libretista de la pieza-.
Desde su inauguración en 1789 con El jardinero tonto, el Wieden se había dedicado a un género fantástico, inspirado en obras de Wieland que ritmaba muy bien con el espíritu del pueblo.
Aunque la discusión sobre la paternidad del libreto de "La flauta" se venció en ocasiones hacia el naturalista Metzleer -que trabajaba para el teatro con el seudónimo de Giesecke- por conocedor de Sethoos (la novela iniciática del Abad Terrassont de principios de aquel siglo), cada vez se ha hecho más evidente que el transcriptor del libreto fue Schikaneder, director, actor y empresario al mismo tiempo.

La ópera alemana, de la que serían herederos Beethoven y Weber, había quedado instaurada con el Nationalsingpiel (utilización de la lengua alemana y elección de temas populares) a partir del Rapto en el serrallo. Se había impuesto, en aquella época, la falta de condescendencia de los que consideraban la ópera italiana como única ópera.

Es curioso que, entre las dificultades para el género -recordemos la censura para Da Ponte-Beaumarchais- fuere posible la publicación por Artaria del texto de "La flauta", con ilustraciones harto evidentes de símbolos masones; y esto en el momento en que acababan de promulgarse decretos decisivos contra la franco-masonería.

LA FLAUTA Y LA MASONERÍA

"La flauta mágica" era una obra másonica sin paliativos tras la promulgación de las bulas papales (1738 y 1751) contra las sociedades secretas.

La emperatriz María Teresa hizo literalmente que miraba a otro lado, ante la adscripción de su marido a la secta. José II, liberal convencido, al simpatizar con las posturas nacionalistas seguiría apoyando la masonería, que permaneció a través del subterfugio de reducir a tres las ocho logias vienesas.

Mozart desde 1784 perteneció a la "logia Caridad". Es a partir de 1790, con el advenimiento al trono de Leopoldo II, cuando la masonería es perseguida por la policía secreta del Estado, siendo definitivamente considerada delito en 1795, a la subida al trono de Franz I que impulsó la más absoluta de las represiones.
Es, en parte por las ideas más arraigadas por perseguidas, en parte por la popularidad del texto y la naturalidad de la música, que "Die Zauberflöte" fue una ópera de éxito, tanto que si la muerte de Mozart hubiera esperado no se hubiese producido en la mayor de las pobrezas. Es seguro que unas claves -entonces nada ocultas- relacionaban los personajes de la obra con personalidades de la historia del momento.
Que "La flauta" es un hilo esclarecedor de la masonería mozartiana no cabe duda; pero su éxito fulgurante no se debe sólo a eso. Desprendiéndonos ahora -y aún entonces- de la problemática religioso-política, esta ópera es una de las composiciones más impresionantes del catálogo universal; aunque el racionalismo de la época no hacía sino justificar por la luz los caminos hacia Dios.

El argumento y el reparto

Ópera mágica, farsa destinada a entretener al pueblo a través de un enigmatismo de ensueño masónico, para alcanzar la belleza a través del paraíso conquistado entre las dificultades humanas.

El príncipe Tamino, perseguido por un monstruo, pierde el conocimiento y es salvado por las tres emisarias de la Reina de la Noche (símbolo de la oscuridad y la permanencia en la antirazón. No hay que olvidar su género femenino. También podría ser la Iglesia Católica).
El pajarero Papageno se jacta de haberle salvado, por lo que las damas le cierran la boca con un candado por su mentira, al tiempo que entregan a Tamino un retrato de Pamina (hija de la Reina) de la cual se enamora el joven de inmediato.

Su cometido será salvar a la amada, prisionera del mago Sarastro (sacerdote de Isis y Osiris), ayudado por una flauta mágica que le es entregada. Papageno le acompañará con un carillón encantado. Tres muchachos les servirán de guías.
En el palacio de Sarastro, el moro Monostatos maltrata a Pamina a la que desea, y a la que Papageno anuncia subrepticiamente que será liberada por un príncipe.
Tamino, conducido por los tres niños, llega a los templos de la Naturaleza, la Razón y la Sabiduría, donde un sacerdote le explica el porqué Sarastro (en realidad padre de Pamina. Conocimiento y razón de hombre frente a mujer) ha arrancado a su hija de la influencia de la madre.

Tamino toca la flauta y pájaros y animales salvajes se acercan a escucharle, recreándose el mito de Orfeo. La persecución de Monostatos, interrumpida por las campanillas de Papageno, cesa al obligarles a bailar, a él y a sus acompañantes, a los que Sarastro castiga por su deslealtad.

Pamina y Tamino son conducidos al templo para los iniciados. Los sacerdotes de Sarastro aparecen y se imponen las pruebas, conjurando a Tamino y Papageno para desconfiar de las mujeres a través del silencio para no ser vencidos.
En un jardín dormita Pamina bajo las miradas concupiscentes del moro. La Reina de la Noche, que aparece, entrega un puñal a su hija para matar a Sarastro. Pamina se niega, siendo éste el momento en que su padre exalta el amor contra el odio.

Papageno es visitado por una anciana repugnante que terminará siendo Papagena, su pareja como premio.

A Pamina se le ha dejado creer que Tamino no la ama, produciéndose en ella una reacción desesperada; pero el triunfo del amor por la perseverancia del príncipe en su silencio, a pesar de la desconfianza de la amada, sobrevendrá al traspasar dos pruebas más.

Pamina es conducida hasta Tamino, durante un pasaje en el que los caballeros armados leen una misteriosa inscripción evocando la muerte de manera conmovedora, a través de la melodía de un "coral luterano". Se pasan las pruebas del fuego y del agua -llegándose en el plano dramático al momento crucial de la pieza-. La melodía de la flauta se eleva sobre un fondo de metal y timbales.
La Reina de la Noche, secundada por el traidor Monostatos, intenta su último asalto sobre el Templo; pero es engullida, con sus secuaces, por un terremoto mientras amanece. La ópera termina con un alegre saludo a los amantes y al amor.

Cuando en las primeras horas del 5 de diciembre de 1791 se salió a buscar un sacerdote, éste no se apresuró ante la notoria condición masónica del compositor, que murió, un poco después, sin auxilios espirituales. Constanza (la esposa) enferma, y la escasa concurrencia al cortejo fúnebre, dispersa por una formidable tormenta, permitirían que Mozart fuese enterrado, en la más absoluta de las soledades, en una fosa común del cementerio.
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