MOZART
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WOLFGANG AMADEUS MOZART

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MOZART EN MASONERÍA ES UN MÚSICO.
Y, en su sentido más primigenio, la música es el arte de producir y de combinar los sonidos de una manera tan agradable al oído, que sus modulaciones conmueven el alma.
En todas las civilizaciones, la música cobra un papel importante en los actos más relevantes, social o personalmente, donde ejerce un papel mediador entre lo diferenciado (material) y lo indiferenciado (la voluntad pura), o entre lo intelectual y lo espiritual.
Por ello cobra especial importancia en las ceremonias rituales, además de por su capacidad de promover las emociones. La música representa el equilibrio y orden; es un lenguaje universal.
En la Masonería, la música representa una de las siete artes liberales, simbolizando la armonía del mundo y especialmente la que debe existir entre los masones.
A través de la belleza de los sonidos y de la armonía de los ritmos se llega a la sabiduría del silencio.
La música es el arte de organizar los sonidos.
Todo arte consiste en organizar un material de acuerdo con las «Leyes» y un propósito.
La música es, en ella misma y por esencia, una masonería, una construcción de carácter iniciático.
Los elementos que la componen no son los sonidos, piedras brutas, sino las notas, piedras talladas.
Los tres parámetros que precisa la talla de la piedra, la precisa el sonido:
• La Fuerza, que reside en la densidad.
• La Sabiduría, en su «tempo» o longitud.
• La Belleza, en su altura o frecuencia.
Las piedras justas y perfectas del edificio musical deben ser ensambladas: la música es una construcción, una arquitectura, un «arte real» que nos revela las leyes universales de la «Gran Obra» que podemos organizar en tres etapas.
• El Silencio, vacío necesario antes de la manifestación, es el estado de aprendizaje.
• El Sonido, la manifestación, la toma de conciencia, el despertar del compañero. La Melodía, la organización del sonido por el maestro.
Se puede encontrar otra analogía en tres etapas, entre el método de
El Aprendiz: Estudia la música en sí mismo (canta). Aprende a descodificar unos símbolos o signos (solfeo) y escoge su/s instrumento/s. Para ello precisa de un maestro o instructor.

El Compañero: Alcanza la soltura en la interpretación de los signos y en la utilización de su/s instrumento/s. Colabora con otros compañeros en el canto y en la interpretación (polifonía, conjuntos instrumentales). Estudia la historia, los estilos y a los grandes maestros. En esta etapa el compañero entra en un proceso de auto-formación.

El Maestro: Su tarea es alcanzar una interpretación personal, una vivencia que haga posible la transmisión de la obra. El maestro trabaja en soledad, pero precisa de un aprendiz, del cual aprende todo lo necesario para alcanzar la auténtica maestría. Con esta relación se cierra el ciclo.


Para cada una de estas etapas, Mozart dejó su herencia musical, cumpliendo con el doble objetivo musical y masónico:
LOGRAR LA UNIÓN ENTRE LO DIFERENCIADO (MATERIAL) Y LO INDIFERENCIADO (LA VOLUNTAD PURA), O ENTRE LO INTELECTUAL Y LO ESPIRITUAL.